En los últimos días hemos sido testigos de como diferentes ayuntamientos han pugnada entre sí y entre sus propias poblaciones para optar a la instalación de silos nucleares, que albergaran los restos de las centrales nucleares.
La idea es convertir terrenos municipales en cementerios nucleares.

En un principio puede llamar la atención que tantos municipios ( un total de 7) opten a la instalación, a pesar del desprestigio y la mala opinión pública que acarrea cualquier asunto que lleve el apellido
"nuclear". La solución es simple, 700 millones de inversión y 500 puestos de trabajo tienen la culpa. En este caso la opinión pública pasa a un segundo plano en favor de una inyección económica al municipio.
Se ha generado así un peculiar mercado de terrenos, en el que los oferentes se pelean por ofrecer al Estado su candidatura, para albergar unas instalaciones que, aunque totalmente seguras, pueden afectar de manera directa a sus habitantes.
¿Comprarías una casa al próxima a un cementerio nuclear?Sin duda alguna, los compradores intentarán usar ese argumento a la hora de negociar el precio de una vivienda que se ofrezca en la población "agraciada" con dicho cementerio.
No es sólo, pues un debate de seguridad, si no también la manera en que afectará al valor de sus viviendas.