Esos son los datos que ha arrojado el Banco de España. En efecto esto está teniendo unas consecuencias directas en el flujo de inversión.
Aunque algunos afirman que la vivienda no puede reducir más su precio, lo cierto es que los niveles de paro, junto con la inestabilidad en la bolsa, están creando un panorama que impide al ciudadano medio acceder a una vivienda. Los pisos no se venden, y por tanto los precios no pueden seguir congelados.
Por supuesto, esto está generando un efecto arrastre en otros sectores, y como fichas de dominó uno tras otro se ven afectados.
La avaricia rompe el saco, y por intentar sacar provecho exagerado del mercado inmobiliario ahora nadie es capaz de pagar ni los precios que se consideraban justos.
Mientras tanto, el gobierno y las entidades financieras que ven como se llenan sus stocks de propiedades embargadas, no saben que hacer.
El rosario de medidas parece insuficiente, mientras desde fuera no hacen más que mandarnos "recaditos" advirtiéndonos que seremos los últimos en salir de la crisis destruyendo la confianza del inversor.

Así que el desplome de la bolsa tenía que llegar tarde o temprano, y nos alcanzó la semana pasada.
Quizás esta semana tengamos motivos para la esperanza, pero desde luego no me gustaría estar en la camisa de ningún jefe de gobierno que tenga que lidiar con un país en este estado.
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