Hipoteca a la piedra no es otra cosa que hipotecas que se contratan para obtener liquidez, entregando como garantía de pago una vivienda libre de cargas o con una carga hipotecaria muy inferior al valor de mercado de la vivienda.
De esta forma, la idea es obtener un crédito personal pero con un interés inferior al que hubiéramos obtenido si hubiésemos pedido al banco uno real.
Para que esto fuera rentable,
el importe de la hipoteca nueva debería ser de como mínimo unos 50.000 euros, ya que debido a los gastos inherentes que conlleva constituir una nueva hipoteca (notaría, impuestos, etc.),
saldría más a cuentas un préstamo personal porque, aunque el tipo de interés en principio es mayor, sus gastos de constitución son muy inferiores.
Actualmente dada la restricción del crédito tan importante que existe en el mercado, este tipo de operaciones tienen unos tipos de interés muy elevados y no son tan atractivas para las familias.
En muchos casos, las familias usaron esta fórmula para financiarse un coche o afrontar otro tipo de gasto, pero ahora se han encontrado con no poder asumir el pago de sus deudas en un momento dado, y de esta forma, aparecen en listados de morosos.
Una cosa muy importante a tener en cuenta es que este tipo de operaciones, dada la escasa predisposición de las entidades financieras reguladas por el Banco de España a financiarlas, es un mercado donde están operando empresas de capital privado, es decir, no reguladas por el Banco de España.
Esto puede producir una cierta incertidumbre a la personas en esta situación. Por este motivo, es muy importante acudir a un intermediario especializado en hipotecas, que conoce bien el mercado y asesora respecto a la mejor opción en cada caso.
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