El Quiñón, en Seseña,
se ha convertido de la noche a la mañana en un lugar ideal para residir, con todos los servicios y equipamientos, a tiro de piedra de la capital y con unos precios de la vivienda nueva de lo más competitivos. O eso es lo que se nos dice ahora.
El Pocero, era el promotor, y los pisos
han pasado a manos de los bancos, que ahora cantan las alabanzas de la urbanización.
Es verdad que, poco a poco, han ido llegando al residencial Francisco Hernando nuevos vecinos, que ocupan
ya cerca de 3.000 viviendas; se han abierto pequeños comercios de barrio y que, con el cambio en la alcaldía de Seseña (de IU al PP),
los operarios municipales de limpieza y jardinería han aparecido por la zona una vez recepcionada la urbanización por parte del Consistorio. Pero también lo es que el acceso desde la autovía A-4 sigue sin acometerse, que solo hay un colegio, que carece de centro de salud y que la frecuencia de paso de los autobuses interurbanos sigue siendo muy escasa para una afluencia de pasajeros cada vez mayor.
La razón de este anacronismo comercial obedece al mayor o menor volumen de activos que cada uno atesora.
Unos necesitan soltar lastre cuanto antes y, caso del Santander, quizá tengan mayor margen para asumir pérdidas, y otros, antes de reconocer minusvalías superiores a las ya provisionadas, prefieren esperar a que la situación del mercado mejore.
Son precios que asumen
rebajas superiores al 60% sobre la tasación realizada cuando El Pocero traspasó estos pisos en 2008. En ese ejercicio, el último en que Onde 2000, depositó las cuentas en el Registro Mercantil, la promotora de Hernando en
Seseña facturó 607 millones de euros por la venta de casi 2.600 viviendas, el 80% a las entidades financieras, lo que le permitió reducir en tan solo un año un 75% la deuda financiera, de 526 a 83 millones de euros.
Fue, por tanto,
una media superior a los 200.000 euros la valoración que bancos y cajas dieron a estos pisos, permitiendo a El Pocero liquidar prácticamente una deuda notable y, pasado el tiempo, anotarse un negocio redondo.