
El descenso de las operaciones de compraventa de vivienda, y la consecuente disminución de las valoraciones realizadas por las tasadoras,
alrededor de un 30% inferior a las realizadas hace 4 años, están provocando
dudas sobre la fiabilidad de estas tasaciones.
El método de valoración por comparación con otras tasaciones de inmuebles similares en la zona del estudio es cada vez más impreciso, dado que en algunos sitios
la falta de operaciones hace que el número de viviendas valoradas sea insuficiente, y que los datos disponibles carezcan de validez por haber quedado obsoletos.
A esto no ayuda que
el mercado inmobiliario español sea uno de los menos transparentes, ya que no existe un registro público y gratuíto de transacciones. En EEUU, por ejemplo, es posible conocer el último precio de compraventa de cada uno de los inmuebles adyacentes a uno dado. Por otro lado, las distintas tasadoras no comparten datos entre ellas.
En las sociedades de tasación es necesario empelar cada vez más recursos a la realización de
simulaciones de compra y la validación de los datos registrados. Hay que salir a la calle a recabar información sobre operaciones cerradas.
Durante mucho tiempo,
las tasaciones se han sobrevalorado, sometidas a diversas presiones para favorecer a las distintas partes. Se cuestiona la independencia de las sociedades de tasación y las entidades bancarias y administraciones. En algunos casos un propietario puede ver devaluada la tasación de su vienda en un año, por la misma sociedad, la primera al adquirir la vivienda, la segunda al tramitar una subrogación de su hipoteca.
Con todo, es el valor medio de las tasaciones el preferido por el gobierno para elaborar los
informes de evolución del precio de la vivienda, cuyo descenso real se percibe como mucho mayor que el que reflejan estos resultados.