Según la LAU (Ley de Arrendamientos Urbanos) no pueden acometerse obras sin permiso expreso del arrendador. En el caso que se realicen el arrendador tiene la potestad de exigir que el inmueble vuelva a su estado original o, alternativamente, a que queden en beneficio de la propiedad. Otra cuestión son los desperfectos. El inquilino está obligado a entregar la finca en el estado en que la recibió y, caso de no hacerlo, a indemnizar al arrendador con la cantidad suficiente (que puede superar la fianza) para resercir los daños acaecidos.
Pedro Sánchez Barceló
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